El martes 8 de enero de 2013 tuvo lugar un hecho histórico en el mundo del fútbol. Lionel Messi, futbolista del F.C. Barcelona, se hacía con su cuarto Balón de Oro. De esta forma, abandonaba el selecto club que formaba junto a leyendas como Marco Van Basten, Johan Cruyff y Michel Platini (todos ellos con tres premios en su haber) y entraba en una nueva dimensión. A partir de este hecho surgen multitud de debates. ¿Es merecedor de los cuatro galardones?, ¿qué tiene que hacer un futbolista nacido en España para ganar el Balón de Oro?, ¿el premio es limpio y transparente? y, sobre todo, ¿es Messi el mejor jugador de fútbol de la historia? Centrémonos en la última cuestión.
A la hora de dirimir esta cuestión nos encontramos con varios criterios a seguir. Si simplificamos y ceñimos la decisión en cuanto a premios individuales, no hay duda. Lionel Messi es el mejor jugador de la historia. Pero en ese caso surgirían las voces discordantes que aludirían a que la falta de objetividad e, incluso, los amiguismos empañan la elección del ganador de este tipo de premios. Dicho de otra forma, no se puede tomar en serio plenamente la justicia del Balón de Oro si, por ejemplo, Fabio Cannavaro tiene un premio en sus vitrinas y Franco Baresi o Paolo Maldini no lo tienen. Es más, la lista de grandes olvidados del Balón de Oro a lo largo de sus más de cincuenta años de existencia supera con creces a la de los galardonados.
Lionel Messi cumplirá este año los 26. A esta edad, el argentino ha ganado cinco Ligas españolas, tres Champions League y dos Mundialitos de clubes, entre otros tantos campeonatos. Un bagaje profesional que cualquier jugador de un gran equipo firmaría a la hora de retirarse. A Messi le quedan seis u ocho años a gran nivel. Su futuro abruma. Pero ni los premios individuales, ni los de equipo, ni las grandes actuaciones en los partidos trascendentales, ni ser el máximo goleador del F.C. Barcelona a tan temprana edad, ni la reconciliación con la afición argentina; aún le falta conseguir algo para convertirse en el mejor jugador de la historia. Son muchos los grandes jugadores que aspiran a este cetro simbólico. Pero sólo uno ha trascendido de su condición de deportista, sólo uno despierta un fervor religioso entre sus seguidores. Messi compite contra sí mismo, contra sus rivales contemporáneos y contra una sombra muy alargada: Diego Armando Maradona.
La eterna comparación
En el verano del 86, un periodista alemán llegó a
Buenos Aires para cubrir las sensaciones de los argentinos tras la consecución del
Mundial de Fútbol en México.
Maradona ya estaba beatificado. El mundo del fútbol trataba de asimilar la exhibición del 10. Un hombre había ganado el evento futbolístico más importante del mundo él solo. Para el recuerdo, la exhibición ante
Inglaterra - poco tiempo después de la
Guerra de las Malvinas - con dos goles estratosféricos.
La mano de Dios y el que es para muchos el mejor gol de la historia.
"En recorrida memorable", como diría Victor Hugo Morales (narrador del encuentro),
Maradona regateó a cuanto inglés le salió por el camino y anotó el gol que daba el pase a
Argentina a las semifinales del campeonato.
En este contexto, el periodista alemán se subió a un taxi camino del hotel. Preguntó al conductor cuál era el mejor futbolista del mundo en su criterio. El periodista esperaba una respuesta pero recibió otra. El taxista respondió que el mejor jugador del mundo era el alemán Lottar Matthäus. "Un jugador que ataca, defiende, manda en el equipo", argumentó el argentino. Confuso, el periodista preguntó por Maradona. La réplica fue demoledora. "Usted me preguntó por jugadores terrenales, Maradona es Dios".
Debe ser muy difícil para Messi asimilar que su, digámoslo así, gran rival es también su gran ídolo y referente. En los inicios de su carrera, Lionel era otro candidato más a sucesor de Diego. Como lo fue Saviola, por citar alguno. Un tipo rápido, con desborde, pero a la sombra de Ronaldinho Gaúcho. Pero los excesos y la falta de profesionalidad, más la llegada de Guardiola al banquillo del Camp Nou fueron el detonante definitivo; Ronaldinho dejaba el Barça. Messi heredaba el 10. Veinte años antes- que no son nada - un tal Diego Armando Maradona, también argentino, también habilidoso, también rozando sin llegar al 1'70, vestía esa camiseta. El morbo estaba servido. ¿Y qué es el periodismo deportivo sino morbo?
Pero Messi no se ahogaba en medio del océano de la comparación con el Pelusa. Se mantenía con soltura. Lideraba a su equipo en todas las competiciones. El 2-6 al Madrid en Liga dibujó un nuevo paisaje. Messi pasaba de ser un 7 con tendencia a las diagonales, a convertirse en un 10 que arrancaba los partidos de 9 y que se le podía ver en varias fases de los partidos como 8 o incluso como 5. El futbolista total. Messi ha liderado brillantemente al que muchos de los expertos en fútbol consideran el mejor equipo de fútbol de la historia. Tanto en juego como en títu
¿Quieres ser Diego Armando Maradona?
Volvamos a Maradona. El venerado futbolista argentino completó su transición de simple mortal a eterno tas cerrar su etapa en el Nápoles. Después de una rocambolesca - en todos los sentidos - etapa en el Barça, Diego cambió de equipo y se marchó al sur de Italia. Llegaba a un equipo de mitad de tabla en Italia. Después de firmar el contrato, el club cambió para siempre. El Nápoles ganó dos Scudettos y una Copa de la Uefa. Impensable, improbable, inolvidable. Si los argentinos adoran a Maradona, los napolitanos le idolatran. El mejor jugador del mundo jugaba en un equipo conformado para metas menores. D10S tiene sus propios milagros. Esta circunstancia también lastra a Messi en la comparación. Las palabras de muchos expertos parecen exigir al cuádruple ganador del Balón de Oro que pida perdón públicamente por jugar en el mismo equipo que Xavi Hernández y Andrés Iniesta. Muchos piden públicamente que Messi para ser considerado al mismo nivel de Maradona, debe hacer campeón a un equipo inferior y sobre todo, hacer campeón - él solo - a Argentina.
Aunque, pensándolo bien, ¿de verdad hay que elegir?